Vehículos conectados, conducción autónoma, cámaras y drones en las principales carreteras de todo el mundo, sensores acústicos, tecnología 5G y un sinfín de aplicaciones y tecnologías de reciente creación, como el big data o el internet de las cosas. Todo ello, lejos de protagonizar cualquier ficción televisiva, es ya una realidad en el que se ha convertido en uno de los mayores retos de la población: su movilidad.

Esas tecnologías inteligentes serán capaces de integrar y analizar los datos que recaudan con el único reto de mejorar la eficiencia y seguridad de los trayectos. El big data, por ejemplo, ayudará a predecir el tráfico o la probabilidad de incidentes y, además, será una herramienta muy útil en otro de los grandes objetivos comunes: la preservación del medio ambiente. Esta tecnología, al igual que las demás, podrá mitigar retenciones y favorecer, por ejemplo, el gasto de combustible y las emisiones de CO2 en las vías de circulación. Por lo tanto, las carreteras del futuro serán inteligentes y, sobre todo, más seguras: para los conductores y para el entorno.

Fuente: www.lavanguardia.com

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