El Internet de las Cosas no deja de expandirse,​ una tendencia que todo apunta a que seguirá así durante los próximos años. Entendemos el Internet de las Cosas o Internet of Things (abreviado como IoT​ )​ como una red de objetos físicos que se conectan a internet y son capaces de intercambiar datos. Son lo que se denominan “objetos inteligentes​”. Muchos de estos elementos son de uso cotidiano, como pueden ser por ejemplo los electrodomésticos. De hecho se suele conocer al IoT en el ámbito general por este tipo de dispositivos.

Sin embargo, el Internet de las Cosas tiene un potencial que va mucho más allá de conectar a internet pequeños (o grandes) objetos por casa. De hecho, se suelen distinguir tres categorías diferentes, siendo una de ellas la rama de dispositivos de consumo, pero también empresariales y de infraestructura.

En este sentido, las diferentes aplicaciones o usos que pueden tener estos aparatos son prácticamente ilimitadas. Pero no pensemos únicamente en entornos industriales o de grandes empresas. Laspequeñas y medianas empresas también pueden encontrar una oportunidad y un potente aliado en esta tecnología. 

Las herramientas basadas en el IoT se pueden adaptar a diferentes proyectos y necesidades, como por ejemplo la optimización de los procesos o una mejora de la productividad. Y más allá: puede ayudar en otros aspectos como la reducción de los costes o el desarrollo de nuevas ofertas de productos.

En definitiva apostar por la aplicación del Internet de las Cosas es un paso más que dar en la digitalización de las pymes que puede suponer una ventaja competitiva.

Un reciente estudio elaborado por Juniper Research prevé que en 2024 habrá 83.000 conexiones IoT en todo el mundo. Una cifra que supone un aumento considerable respecto a los 35.000 que se esperan a finales de 2020. 

5G y el Internet de las Cosas

El Internet de las Cosas lleva entre nosotros muchos años. Se establece su nacimiento en 2009, cuando Kevin Ashton, un investigador del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts), utilizó el término Internet of Things por primera vez. Sin embargo, los especialistas están de acuerdo en que no será hasta la llegada de la tecnología 5G cuando se dé el salto definitivo.​

Esto se debe a la mayor rapidez de conexión y la menor latencia (​ el tiempo de respuesta del dispositivo ante una conexión) que permitirá la quinta red de conexión móvil. Las empresas podrán beneficiarse, sin duda, de las ventajas que ofrezca este salto tecnológico, que llegará antes de lo que pensamos.

Más allá de estas posibilidades, el 5G permitirá el impulso de lo que se denomina edge computing (o computación en el borde), una innovación que hará posible que la inmediatez de las comunicaciones sea prácticamente total, abriendo la puerta a aún más aplicaciones potenciadas por el Internet de las Cosas.

Aplicaciones del IoT en la pyme

Fuente: interempresas.net

El futuro de estas tecnologías sin duda se prevé apasionante, pero el presente no lo es menos. Y son muchas las aplicaciones que las pymes y autónomos pueden aprovechar de la tecnología IoT.

El Internet de las Cosas permite una transformación digital de la empresa que puede ser complementada con otras tecnologías que se estén implementando, o se tengan previstas. Es más, si se crea una buena estrategia de digitalización, todas estas tecnologías pueden impulsarse unas a otras, maximizando sus beneficios.

Algunas de las tecnologías con las que se complementa son la computación en la nube, o el big data (​ análisis de grandes cantidades de datos). Los dispositivos conectados y sensores envían toda la información a aplicaciones en la nube donde pueden ser monitorizadas y analizadas. Y lo más importante: extraer valiosos datos para el propio negocio. 

En este sentido, una de las aplicaciones del IoT a las pymes es el acceso a los datos y la información. Tener la capacidad de obtener y manejar información (tanto a tiempo real como a posteriori​) supone una ventaja difícil de igualar. Por ejemplo, gracias a sensores o dispositivos conectados se pueden almacenar y sincronizar datos de​ los clientes o pedidos en la nube que podemos usar en tiempo real para mejorar los procesos de venta. Y no solo eso, también ayudará a mejorar la experiencia del cliente, mediante herramientas que no solo agilicen los procesos sino que fomenten la fidelización.

La posibilidad de mejorar la eficiencia es otra de sus características y ventajas. Los sensores que recogen y recopilan todo tipo de datos son fundamentales dentro del ecosistema del Internet de las Cosas.

Por ejemplo, en el caso de sensores que pueden monitorizar el flujo de movimiento de los clientes en un local, o incluso detectar qué estanterías o áreas de un comercio son más visitadas, y por tanto tienen mayor interés. Conocer los gustos y tendencias de los clientes en el punto de venta nos dará información valiosa que puede ser usada, por ejemplo, para reforzar esas áreas, o para lanzar comunicaciones o promociones sobre esos productos.

En este sentido, se puede aprovechar esta tecnología para una óptima gestión de flotas de​ vehículos o para monitorizar la mercancía. Por​ ejemplo, en el ámbito de la logística, los sensores nos pueden informar de dónde se encuentra un paquete en todo momento, y ayudar a optimizar la entrega para que sea lo más rápida posible, si conectamos los productos, con los vehículos y los almacenes.

El ahorro energético es​ otra de las aplicaciones que tiene IoT, y una de las más populares. Son ya muy extendidas las bombillas inteligentes, que iluminan solamente cuando es necesario, así como otro tipo de sensores que permiten controlar la temperatura y otros elementos en las oficinas. Esto se puede aplicar a todo tipo de aparatos electrónicos y dispositivos, reduciendo considerablemente gastos en la empresa.

A pesar de que las pymes pueden plantearse apostar por Internet de las Cosas debido a la inversión inicial que puede suponer, la realidad es que existen dispositivos y tecnologías de Internet de las Cosas adaptadas a las diferentes necesidades y bolsillos. Por otro lado, hay que tener en cuenta el ahorro de costes que​ puede producir, así como las ventajas competitivas que la apuesta por estas tecnologías puede conllevar.