Mucho se habla en estos tiempos de la Transformación Digital. Expertos en cuestiones de tecnología y de gestión de empresas, evangelizan sobre la importancia de la cultura digital en las empresas: artículos, conferencias y compañías que surgen exclusivamente para ayudar en el proceso de transformación digital y llevarnos al mundo del futuro.

La presión es tanta, que a veces nos sentimos abrumados y tentados de pensar que se trata de una nueva burbuja tecnológica, pero nada más lejos de la realidad. Para empezar con buen pie en esto de la cultura digital, el primer paso es asumir que es necesaria para nuestra empresa. Integrar en nuestra mente la visión de un negocio digitalizado es clave para emprender la aventura de la transformación digital.

Vayamos por partes. Después de ver que la digitalización de las empresas no es una cuestión de modas, es un buen momento para profundizar en la definición y entender, de una vez por todas, qué es la Transformación Digital.

Empezaremos por negar la mayor: ¿qué NO es Transformación Digital? Por mucho que pueda parecerlo, la digitalización no consiste en llenar la empresa de ordenadores de última generación. Tampoco en tener los últimos smartphones del mercado o estar al día con las actualizaciones de software. Ni siquiera tiene que ver con actualizar el estado de la empresa en las redes sociales. O por lo menos, no consiste sólo en eso.

La Transformación Digital es el conjunto de operaciones estratégicas que incorporan nuevas tecnologías y nuevos procesos a la empresa, para que esta sea más eficiente y genere nuevas oportunidades. En un concepto más amplio, la Wikipedia define el término como “el cambio asociado con la aplicación de tecnologías digitales en todos los aspectos de la sociedad humana.”

 

Fuente: Deloitte. Las empresas del XXI

 

En resumen: vivimos en una época altamente digitalizada, donde la tecnología es la herramienta fundamental para realizar muchos procesos; por tanto, saquemos el máximo partido a la tecnología para llevar la empresa al nivel de la excelencia.

Si nos paramos a pensar en por qué hemos llegado a este punto de integrar la cultura digital en las empresas, llegamos a la conclusión de que es el proceso lógico de pasar de la Sociedad de la Información a la Sociedad del Conocimiento. Después del boom de Internet, en el que hemos conseguido generar tanta información imposible de procesar, es el momento de utilizar esa cantidad ingente de datos con cabeza y aprovecharla para mejorar en todos los aspectos de nuestras vidas. Entre ellos, nuestros proyectos y nuestros negocios.

Y así es como llegamos a la conclusión de que, si queremos vender nuestros productos y servicios a nuestros clientes, debemos tomar dos nuevos factores en consideración: por un lado, sacar el máximo partido a la tecnología para mejorar nuestros procesos y, por otro, revisar el perfil de nuestros clientes que hoy en día se han convertido en clientes digitales.

Ambos factores, procesos y clientes, cuentan con un elemento común: la importancia de las personas. Todo proceso de transformación digital se basa en ellas, en su formación, en sus hábitos de costumbre, en la forma en que consumen nuestros productos o en la forma en la que ofrecen nuestros servicios. Tanto el personal de la empresa como nuestro público objetivo es digital, por lo que es normal deducir que nuestro modus operandi también debería serlo.

Pensemos, por ejemplo, en una empresa que tradicionalmente ha vendido sus productos en una tienda física. El proceso de transformación digital de esta empresa le llevará a plantearse cómo son sus compradores hoy en día: ¿siguen comprando en la tienda o compran online? ¿Cómo perciben las ofertas de las empresas de la competencia? ¿Encuentran alguna plataforma donde consultar sus dudas o reclamar algo a través del móvil?

Un análisis profundo sobre nuestro actual cliente y sobre el cliente al que queremos llegar, nos pondrá en la pista de los cambios que debemos abordar en nuestra empresa. Y estos cambios pueden producir vértigo e incluso ansiedad. Las personas nos resistimos a los cambios, máxime si afectan a toda una estructura empresarial. Pero no debemos asustarnos por ello ni postergarlo para más adelante. Con la planificación adecuada y contando con los profesionales que nos ayuden a llevarla a cabo, el proceso de digitalización de la empresa puede ser un camino enriquecedor que nos ayude a mejorar el rendimiento de la compañía y a colocarnos en una situación ventajosa respecto a la competencia.

 

La cultura se come a la estrategia para desayunar” Peter Drucker

 

¿Por dónde empezamos?

Como se ha comentado anteriormente, es fundamental estar convencidos de la necesidad de dar este paso dentro de la empresa. La dirección de la compañía debe ser la primera defensora de este importante proceso que vamos a acometer y los puestos directivos deben convertirse en los principales evangelizadores de la nueva cultura digital. De esta forma, todos los miembros de la estructura de la empresa perciben el cambio como necesario y apoyan la decisión.

En todo proyecto hay una serie de fases que debemos observar para conseguir un buen resultado y un proceso ordenado. En la transformación digital podemos seguir también estas fases, a saber:

  1. Análisis
  2. Establecimiento de un plan de acción
  3. Ejecución
  4. Medición

La primera etapa es la de análisis. Es impensable acometer un proceso de cambio sin hacer un estudio de viabilidad. Analizar la situación actual de la empresa es fundamental para detectar nuestras necesidades en cuanto a recursos. En este análisis interno debemos incidir especialmente en la detección del talento, qué parte de nuestro personal está preparado para llevar a cabo la transformación digital, quiénes están más receptivos, los que pueden ejercer de tractores y quiénes son los que van a necesitar mayor reciclaje formativo. Realizar un mapa estructural del personal de la empresa es de vital importancia en esta etapa del proceso.

En la fase de análisis debemos explorar también el mercado en el que nos movemos, incluyendo nuestra competencia. Y en este punto entra también el análisis de nuestro cliente digital: cómo consume nuestros productos, cuándo realiza la decisión de compra, qué factores influyen en él a la hora de contratar los servicios que ofrecemos…

Con esta composición de lugar, ya estamos en disposición de plantear un plan de acción. Aquí debemos recoger los objetivos que buscamos y cómo vamos a ponerlos en marcha, detectar los agentes del cambio y plantear metodologías ágiles para llevar a cabo nuestros objetivos. Este plan debe estar perfectamente definido, tanto en operatividad como en tiempo y costes, y debe ser la guía a la que la empresa se ciña para llevar a cabo el proceso de transformación digital.

Así llegamos a la fase tres de ejecución, donde nos ponemos en marcha para imbuirnos de la cultura digital. Aquí empiezan los procesos de reciclaje formativo, de remodelación de la página web, de la inclusión de un ERP (Enterprise Resource Planning) en la compañía, de modificar los sistemas de comunicación y un largo etcétera de posibilidades. No debemos olvidar que en esta fase de ejecución debemos seguir las pautas establecidas en el plan de acción para no perder el foco y conseguir nuestros objetivos.

Por último, pero no menos importante, es necesario medir los resultados. Como decía Lord Kelvin, “lo que no se mide, no se puede mejorar”, así que es muy importante revisar los OKR (Objectives and Key Results- objetivos y resultados claves- ) propuestos y comprobar si hemos logrado las previsiones. No perdamos de vista que debemos optimizar los procesos, por lo que llevar a cabo un seguimiento y una medición de resultados nos lleva a poder corregir o a impulsar aquellas partes del proceso que mejor están funcionando.

Y vuelta a empezar. Es importante pensar en el proceso de Transformación Digital como en un proyecto vivo de la empresa, en el que siempre vamos a estar evolucionando y adaptándonos a los cambios del mercado. La formación constante del personal de la empresa, los cambios en la tecnología, la evolución de los comportamientos del cliente… todos son factores que nos exigen estar al día y preocupados constantemente de la mejora de la empresa y su posicionamiento en el mercado.

Pero, ¿quién dijo miedo? Si el resultado final es la mejora de la empresa y además contamos con profesionales que nos ayuden en el proceso, bienvenida sea la cultura digital.

Algunos ejemplos de digitalización

Actualmente contamos con numerosos ejemplos de digitalización en la empresa y muchos de ellos se refieren a marcas bastante conocidas de las que probablemente somos clientes. En la mayoría de los casos, el proceso de transformación digital se refiere a algún departamento de la compañía, ya que al tratarse de grandes empresas, deciden afrontar el proceso por partes.

Ese fue el caso de Lego, la famosa marca de bloques de plástico apilables para la construcción de juguetes para niños. La compañía vivió momentos difíciles en el año 2000, motivados principalmente por un crecimiento desmesurado que casi la llevó a desaparecer. A partir de entonces, Lego emprendió un proceso de transformación digital que le ha llevado hasta la situación actual en la que sigue siendo líder indiscutible de su sector.

¿Cuál fue su principal apuesta? Algo tan simple como escuchar al cliente. A través de una plataforma de crowdsourcing creada a tal fin, la marca recaba la opinión de los clientes para la creación de nuevos productos y el planteamiento de los siguientes pasos en la compañía. Las mejores ideas se llevan a cabo y los autores reciben un 1% de las ventas. El cambio en la gestión de crisis de la compañía también supuso una evolución en los resultados. El último ejemplo de escucha activa del cliente es la elaboración de sus famosas piezas con caña de azúcar, apuntándose el tanto de empresa cuidadosa con el medio ambiente.

Un último ejemplo que vamos a estudiar es el caso de Amazon. Ser una empresa tecnológica no es óbice para empezar un proceso de transformación digital y ese es el caso de la mayor tienda de comercio electrónico del mundo. Llegado el momento, Amazon se vio luchando en un mercado en el que la competencia era cada vez mayor y en el que tenía que evolucionar para seguir estando en los puestos de cabecera.

Fruto de este proceso de digitalización de la compañía fue la creación de la plataforma Kindle de libro electrónico y el servicio Prime de TV a la carta. Un estudio del cliente como centro del negocio les ha llevado a poner en marcha la investigación en el campo de los drones como posibles repartidores de sus productos o la creación de un supermercado físico.

Hay muchos más ejemplos de transformación digital en empresas tan conocidas como Nike, Microsoft o Iberia. Y otros en empresas de menor tamaño. Pero la moraleja es la misma: adoptar la cultura digital en la empresa es un proceso que requiere de muchos cambios, pero que revierte en la mejora de la compañía.

 

¿Te animas a dar el paso?