Hoy día, la innovación es un pilar fundamental para ganar en competitividad y rentabilidad en cualquier organización, con independencia de su tamaño o sector, pues permite mejorar los procesos y la gestión interna. Esta debe incorporarse a la cultura y a la propia identidad de la empresa, sea cual sea su tamaño, sector o actividad.

En un mercado globalizado y altamente competitivo, las pymes se ven obligadas a modificar constantemente sus estrategias empresariales para adaptarlas a las recurrentes demandas del mercado, y en este aspecto, la innovación supone un factor estratégico para lograr la optimización de los recursos que no se limita únicamente a la asimilación de tecnología.

La innovación también abarca otros campos de la organización con los que lograr todo un impulso de la operativa interna y externa de la empresa y que conlleva posibilidades de cambio, que contribuyan, a la transformación del tejido empresarial.

Es fundamental que la cultura de la innovación sea perceptible en toda la organización, transmitiéndose desde la dirección a todos los trabajadores y debe estar, además presente en la estrategia de la empresa y verse reflejada en planes y objetivos que abarque todos los procesos.

Tal y como comparte Kantar España (2021), “el 29% de las empresas ha aplazado sus proyectos de innovación a consecuencia de la pandemia, e incluso una cuarta parte de las empresas de mayor tamaño asegura haberlos cancelado.

«Las pymes pueden fomentar la innovación al volverse más visibles de forma transversal y no siempre requieren grandes esfuerzos económicos».

Tras esta situación, en la actualidad, la innovación más frecuente es incremental, es decir, el resultado de la acumulación de pequeños cambios y reflexiones que produzca cambios radicales o grandes descubrimientos tecnológicos.

Las pymes pueden fomentar la innovación al volverse más visibles de forma transversal y no siempre requieren grandes esfuerzos económicos.

Para ello, podemos identificar tres pasos claves para la introducción de la Innovación de forma exitosa en las pymes.

  1. Impulso de la cultura emprendedora:

El verdadero inicio se da con el fomento y la creación de una cultura innovadora en el que crear un ambiente de trabajo donde los empleados puedan aportar ideas y sumar a la puesta en práctica de estrategias innovadoras. Esta fase requiere implicación y esfuerzo para el desarrollo de capacidades y conocimiento.

Para ello, es fundamental una comunicación continua entre las diferentes áreas, y acciones como sesiones de intercambio de ideas. Con frecuencia, surgen ideas que no son nuevas pero que nunca han sido potenciadas.

El tamaño de una pyme en este aspecto puede suponer toda una ventaja competitiva, puesto que trae consigo un desarrollo de la innovación de forma más ágil y rápida, así como con unos menores costes de transición al contar con una mayor flexibilidad.

  1. Adoptar tecnología innovadora

Innovación y tecnología van de la mano, en las pymes su introducción puede suponer la automatización de tareas repetitivas que a menudo suponen una alta inversión de tiempo y que permitiría que los empleados puedan centrarse en otros objetivos y optimizar el flujo de trabajo.

  1. Monitorear y mejorar

Asimismo, utilizar datos puede resultar muy positivo para las empresas que se ven enfrentadas a pequeños y grandes desafíos. Apostar por una estrategia de innovación en este campo permitirá realizar un seguimiento a determinadas acciones que pueden ser cuantificadas a través de la obtención de información concreta para facilitar su toma de decisiones y estrategias de negocio y del mismo modo, posibilitará medir el desempeño, evitando errores futuros desarrollando un enfoque diferente si fuera preciso.

La innovación supone un elemento diferenciador y que contribuye a que la empresa se especialice y aumente su eficacia, logrando por tanto una transformación sustancial. Por ello, es fundamental aplicar mecanismos y una base de trabajo que incluya la incluya en su puesta en marcha.

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